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La razón humanista: Fuentes, principios, deslindes, metas

Compra el libro de Javier García Gibert: La Razón Humanista. Fuentes, principios, deslindes, metas.

“Humanismo” no es hoy en día un término pacífico y bajo él se cobijan ideas y atribuciones de distinto y aun contrapuesto signo. La primera intención de este libro es el esclarecimiento de estos equívocos y la adecuación del concepto a su legítima tradición histórica y cultural. En relación con ello los diversos trabajos que lo integran abordan, como se apunta en el subtítulo, aspectos importantes de ese legado: el esclarecimiento y encaje de sus respectivas fuentes clásica y cristiana, las metas y los fundamentos de su proyecto formativo y los deslindes éticos y existenciales que los distinguen de otros modos de vida y conocimiento. Y todo con la firme convicción de que esa vieja tradición humanística sigue siendo la mejor reserva de principios, finalidades y procedimientos para prevenirse contra los peligros anti-humanistas que hoy nos acechan (idolatrías científico-técnicas, simplificaciones ideológicas y desgobiernos emocionales) y para propiciar, con el concurso de la razón y la ayuda del recuerdo y el buen sentido, un retorno del ser humano hacia lo mejor y más noble de sí mismo.

Unas palabras preliminares

Se compone el presente libro de siete trabajos (o, mejor dicho, seis y un prontuario final para uso doméstico), realizados a lo largo de cuatro lustros, que giran en torno a diversos aspectos –históricos, conceptuales y referenciales- de la tradición humanística. El orden en el que aparecen –en forma de capítulos- no es el cronológico de realización de los textos, sino que obedece a una pretendida lógica en la confección del libro, que comienza con la consideración de las fuentes culturales humanísticas (Cap. 1), atiende luego a las –a veces tensas, pero siempre provechosas- relaciones entre ellas (Caps. 2, 3 y 4) y termina apuntando al enfrentamiento entre una tradición humanista, ya consolidada, y la triunfante modernidad ilustrada, un conflicto que llega hasta nuestros días (Caps. 5 y 6).

Los diversos artículos que integran el libro responden a intereses humanísticos puntuales a lo largo de los años, que perfilaban o desarrollaban ideas, cuestiones y argumentos que tenían como base y referencia última dos obras anteriores: Con sagradas escrituras (2002) y especialmente Sobre el viejo humanismo (2010). Esta última no pretendía ser un “manual” de humanismo –pues tal propósito contravendría los modos y principios de su propia tradición, que es del todo antiacadémica-, sino, como expresaba su subtítulo, una “exposición y defensa” (suficientemente amplia y ordenada, o eso creo) de dicho legado. En esa línea de exposición y defensa van también los textos de este libro, que incide y recala en aspectos concretos de esa tradición. El interés por recogerlos en un nuevo volumen tiene un componente –debo confesarlo- de proselitismo didáctico y un afán renovado de decantamiento y dilucidación. Dilucidación del concepto, de las fuentes, de las metas, de los principios, de las cimas, de la evolución, de las líneas de fuerza, de los falsos amigos, de los enemigos de siempre (que son los de ahora, con otros pelajes). Y también de los elementos éticos, existenciales y espirituales en los que se asienta, entrañadamente, esa tradición. Creo que el Índice es bastante explicativo de los temas y cuestiones que se abordan.

El libro se asienta en una tradición de sabiduría larga y depurada, tranquila y permanente; pero es verdad que nace con una pulsión de urgencia y de intervención activa, debido al signo de los tiempos y a la irrupción de una nueva y confusa “era digital”, legitimada por un pensamiento globalista que la bendice como signo y fuente de progreso. Frente a ello proclamamos la defensa de una libertad de juicio, vinculada por lazos de gratitud y consanguinidad cultural a una larga y admirable tradición, que todavía nos sirve. Las modernas ideologías históricas, que pretendieron sustituir al viejo humanismo, han fracasado, aunque se resistan a morir, y ya no sirven para luchar contra la desilusión y la desafección que nos genera la siniestra y tentacular sociedad contemporánea. Las ideologías nuevas que han relevado a las antiguas y han nacido a la par y a la sombra de la era digital –en algunos lugares de este libro nos referimos a ellas como “pensamiento woke”- no tienen fuste ni fundamento alguno y es muy posible que en poco tiempo sean barridas por la historia; pero es con ellas, perentoriamente, con las que nos toca lidiar, y también con la época a la que dan cobertura. Sí, hay que acudir al combate. Pero, a nuestro juicio, no hace falta buscar nuevas armas ni modelos de pensamiento para lidiar crítica y animosamente con la nueva situación (y acaso con la terrible distopía que nos espera). Esas armas y esos modelos ya los tenemos: la tradición del humanismo nos provee de ellos. Sólo hay que ponerse con su inspiración y ayuda a analizar la realidad (y, por supuesto, a nosotros mismos). 

Y, para terminar, una explicación sobre el sustantivo del escueto título: La razón humanista. “Razón”, sí: la que vincula a los seres humanos de cualquier etnia, sexo, condición y época; la que reflexiona con sensatez y cordura sobre la realidad de las cosas, sin demagogias ni sentimentalismos; la que mira sin soberbia al pasado y aprende de él; la que colma las aspiraciones humanas sin traspasar los límites, pero dejando espacio al misterio imprescriptible que nos rodea; la que lucha por dotar del sentido más alto y más noble a nuestra existencia, sin atender a señuelos que la desmerecen, a deseos que la malbaratan y a utopías que la desencaminan. “Razón”, por supuesto. Como tesoro y bandera de los seres humanos. La razón de la criatura racional, no la del racionalista.

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